viernes, 2 de noviembre de 2018

DIEZ CURIOSIDADES DEL IDIOMA ESPAÑOL

1. ¿Español o Castellano?
Empezamos la lista de curiosidades del idioma español con esta polémica que envuelve a la denominación de la lengua que hablamos. La Real Academia prefiere llamarla español, ya que con este nombre nos referirnos a la lengua que surgió tras la unificación de la Corona Española y que fue implantada en Hispanoamérica, y deja castellano para la lengua procedente del Reino de Castilla.

2. Palabras ‘oficiales’

El idioma español cuenta actualmente con 93.111 palabras, de acuerdo a la edición número 23 del Diccionario de la Real Academia Española. Además, recoge 195.439 acepciones, entre ellas casi 19.000 americanismos. Las palabras más usadas por los hispanohablantes son la conjunción Y, las preposiciones DE y EN y los artículos UN, UNA, LAS, LOS, que suman un 37% de todo el léxico español.

3. Primer texto del idioma español

Hasta hace pocos años siempre se había dicho que el primer texto escrito en español eran las conocidas como Glosas Emilianenses, unas notas manuscritas realizadas poco antes del año 1000 en el margen de un códice que se guarda en el monasterio riojano de San Millán de la Cogolla. Se cree que su autor fue un monje anónimo que traducía el latín del códice a su lengua materna, que entonces empezaba ya a ser el castellano.
Actualmente, le disputa este mérito un texto del año 959 conocido como Nodicia de kesos. Atribuido al monje Ximeno, el encargado de la despensa del Monasterio de los Santos Justo y Pastor, en la comunidad de La Rozuela, la Nodicia de kesos es en realidad una lista de víveres, el inventario de quesos que llevaba el religioso.

Curiosidades del idioma español
‘Glosas Emilianenses’, uno de los primeros textos en español

4. Las palabras más largas

La palabra más larga que aparece en el Diccionario de la Real Academia es electroencefalografista (23 letras); mientras que las palabras más largas sin letras repetidas son: vislumbrándote (14 letras), calumbrientos (13) y centrifugados (13).

5. Palabras con las 5 vocales

El idioma español tiene muchísimas más palabras con las cinco vocales de lo que nos pudiera parecer, pero ninguna tiene las vocales ordenadas (aeiou) y solo tres las tienen al revés (uoiea): sudorífera, sudorienta y cuodlibetal.
Las palabras más cortas con las 5 vocales son: eufonía, euforia y eubolia (7 letras); y entre las más largas, con 15 letras, se encuentran: cumplimentarlos, instrumentarlos, reconstructivas o transcurriremos. Además, guineoecuatorial no solo tiene las 5 vocales sino que cada una de ellas se repite 2 veces.
También hay nombres propios con las 5 vocales, aunque no son muy habituales: Aurelio, Eulogia, Eulalio, Laurencio, Prudenciano y Güendolina son solo algunos ejemplos.

Curiosidades del idioma español
Texto con palabras con las 5 vocales

6. Números con curiosidades

Mil es un número único, tiene una característica que no tiene ningún otro: es el único que no contiene ninguna E ni ninguna O. El número 5 también es curioso, en su caso porque es el único que tiene tantas letras como indica su nombre.

7. Palíndromos

Los palíndromos son aquellas palabras o textos que se pueden leer igual de derecha a izquierda que de izquierda a derecha, es decir son capicúa. Ejemplos de palabras palíndromos en el idioma español son: reconocer, acurruca, somos, arenera o sometemos.
También hay frases palíndromas, que cada uno puede hacer según su imaginación, como por ejemplo: “la ruta natural”, “se es o no se es” o “yo haré un imán a mi nuera hoy”.

8. Anagramas

Un anagrama es un juego de palabras que consiste en crear una palabra a partir de la reordenación de otra. Por ejemplo: ecuatoriano contiene las mismas letras que aeronáutico, argentino que ignorante, irónicamente que renacimiento y cleopatra que aceptarlo.

9. Firuletes

La palabra “pedigüeñería” tiene los cuatro firuletes que un término puede tener en nuestro idioma: la virgulilla de la ñ, la diéresis sobre la ü, la tilde del acento y el punto sobre la i.

Curiosidades del idioma español
Alcachofa, alcauncil, alconcil…

10. Frutas y verduras en el idioma español

La última de las curiosidades del idioma español que os explicaremos tiene que ver con la variedad de nombres que tenemos los hispanoblantes para denominar a un mismo producto. Si viajamos por España o Hispanoamérica y nos paramos a comer en un restaurante puede ocurrirnos que no entendamos nada de los que nos ofrece la carta. Las frutas y verduras tienen su propio nombre según el dialecto del español que se hable. A continuación, una lista con los nombres en español de España y con sus variantes en el español de Hispanoamérica:
  • Alcachofa – alcaucil, alconcil, cardo de comer.
  • Albaricoque – durazno, damasco, chabacano.
  • Berza – col forrajera, col silvestre, repollo salvaje.
  • Cacahuete – maní, mandubí.
  • Chirivía – pastinaca, apio de campo.
  • Espinaca – espinafré
  • Fresa – fresón, frutilla, fresera, amarrubia, madroncillo, mayueta.
  • Guisante – arveja, chícharo.
  • Maíz dulce – adaza, arcazaba, arto, artua, borona, cañota, choclo, dacsa, espigón, farfolla, mazorca, mijo turquesco, millo, paniza, panocha, panoja, trigo de indias, trigo de turquía, jojoto, elote, olote, jilote.
  • Pimientos – ají, pimiento morrón, chiltoma.
  • Sandía – chicallote, patilla.
Cortesía de Supercurioso.com

lunes, 15 de octubre de 2018

QUÉ SON LAS PRIMICIAS?



Las primicias, se establecieron como una rememoración de la donación bíblica de los primeros frutos que daba la tierra a los sacerdotes. En esta época (S.XVIII) presentan una gran uniformidad en sus beneficiarios, pero una gran variabilidad en su tasa. 
El beneficiario es casi siempre el clero local, mientras que la tasa varía desde un celemín por cosechero y grano que sembrare (como sucede allí donde la cosecha de cereal era casi inexistente), a seis, e incluso más, celemines por cosechero y especie sembrada, correspondiendo pagar a cada cosechero de cada grano que sembrare, y ello aunque la cosecha fuese corta, e incluso se perdiese.  Pero también aparecen lugares donde el acto de primiciar ha evolucionado hacia un fijo sin relación con la cosecha, de manera que todos los vecinos con casa abierta contribuyen con cierto número de celemines de granos, a veces mitad trigo y centeno.
Las iglesias llevaban control minucioso de todos los ingresos por diezmos, con relación nominal de los dadores y cantidades diezmadas fruto a fruto. A estos libros se les denominó: Padrón de diezmos.

Todacultura.com

martes, 11 de septiembre de 2018

¿ANTE DE MÍ O DELANTE MÍO?


Una pregunta que nos hacen bastante es si se puede decir delante mío o si hay que decir delante de mí.
La respuesta es que actualmente no se considera correcto el uso de delante mío ni de delante míaLo correcto es delante de mí.
El uso de delante mío está justificado por las propiedades nominales (además de adverbiales) que tiene delante. Sin embargo, estas propiedades no se consideran suficientes, frente a las de otros, como alrededor o contra, que pueden llevar el posesivo delante (a su alrededor y en su contra) y, por tanto, es aceptable que lo lleven detrás: alrededor suyo y en contra suya.
No obstante, como la diferencia entre unos y otros es sutil y se está extendiendo el uso de delante mío y compañía, estos casos pronto empezarán a ser admitidos (y dejará de corregirlos el Word). No así delante mía, en donde el uso del femenino no está justificado.
Por: Sinfaltas.com

miércoles, 21 de marzo de 2018

LAS DOCE DUDAS QUE SE DEBEN CORREGIR PARA HABLAR EXCELENTE ESPAÑOL



Cortesía de El Confidencial


Suele decirse que las lenguas son organismos vivos y que, como tales, crecen, mutan, se desarrollan y, en algunos casos, mueren. Por eso es normal que el uso, el encuentro con otras lenguas y las innovaciones tecnológicas aceleren estos cambios. En ocasiones, para bien, al dar una nueva vida a viejas lenguas y proporcionar nuevos conceptos a través de los cuales podamos conocer el mundo que nos rodea. En otras, para mal, al fomentar el empobrecimiento de nuestros recursos expresivos.
Pero en la mayor parte de casos, simplemente se trata de pequeñas mutaciones antes las cuales debemos recordar los usos correctos de nuestro idioma, sin dejarnos arrastrar por la influencia extranjera. Con dicho objetivo se acaba de publicar El buen uso del español (Espasa), realizado de manera conjunta por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española y que será presentado hoy en la sede madrileña de la RAE.
Como se recuerda en la introducción, el volumen tiene el objetivo de “dar a conocer a los hablantes las normas que ellos mismos han aprobado en plebiscito cotidiano”. Es decir, la norma sigue al uso, y no al revés. A continuación, presentamos alguna de esas dudas que suelen surgir en el empleo del castellano y algunas de las incorrecciones más frecuentes que aparecen señaladas en el libro, con el objetivo de que alcancemos ese esplendor que figura en el lema de la RAE.
·         ¿Cómo se escriben los nombres comerciales? ¿“iPhone” o “Iphone”?
La irrupción de marcas como Apple ha hecho proliferar los inventos cuyo nombre comienza por una i minúscula seguida por una mayúscula, como “iPhone”, “iPad” o “iPod”. También son frecuentes grafías como “iBanesto” o “MásVital”, que los académicos consideran admisibles como “recursos expresivos o estilísticos en los logotipos, el diseño gráfico y la publicidad”, pero que no deben utilizarse “abusiva e indiscriminadamente”. Así pues, respetemos la mayúscula inicial.
·         Nos podemos relajar con el móvil, pero no en un correo electrónico
Los académicos conceden que las comunicaciones a través de móvil están presididas por “la rapidez y la economía”, lo que provoca “la frecuente relajación de la ortografía”. Sin embargo, recuerdan que debido a que el correo electrónico no está tan condicionado por limitaciones de espacio o tiempo como otras herramientas de comunicación, en él se deben aplicar con rigor las normas ortográficas. La precisión no tiene en cuenta, no obstante, que cada vez más correos electrónicos se escriben a través de un smartphone.
·         Qué es un extranjerismo crudo y qué no lo es: ¿Irak o Iraq?
Con el nombre de extranjerismo crudo se conoce a “aquellas voces de otros idiomas que se usan en textos escritos en español sin que hayan sufrido adaptación formal para adecuarse a los patrones gráfico-fonológicos de nuestra lengua, de forma que conservan su grafía y su pronunciación originarias”. Por ejemplo, “pizza” o “rock”.
Ejemplos de palabras que suelen dar lugar a confusión son países como “Irak” o “Catar”. Se recomienda escribir así dichas palabras, puesto que “el empleo autónomo de la q en representación del fonema /k/ es ajeno a la ortografía del español”. Voces como “cuark” o “cuásar” deben adaptarse al español, en lugar de escribir quark o quasar.
·         ¿“Amigos y amigas, compañeros y compañeras”? Nada de repeticiones ni arrobas
Cuando la corrección política llegó a la lengua, la fórmula que explicitaba ambos géneros naturales con el objetivo de representar la paridad entre los mismos comenzó a utilizarse con una mayor frecuencia. La academia desaconseja dicho uso, como es el caso de “amigos y amigas”, puesto que se considera innecesario. Además, deben evitarse también soluciones que contravienen las reglas gramaticales, como la utilización de la arroba, “que ni siquiera es un signo lingüístico” en el lenguaje escrito, como ocurre con “l@s diputad@s”. El femenino “miembra” es incorrecto hasta nueva orden.
·         Ni “currícula”, ni “media”
Paradójicamente, la influencia del inglés ha contribuido a que abunden plurales latinos como “currícula”, “media” (como plural de “medios de comunicación”) o “referenda”. En dicho caso, se deben utilizar o los plurales invariables (“corpus”) o los correspondientes a las formas adaptadas en “o”, como “currículos” o “medios”.
·         ¿Cómo se escriben las palabras con prefijo?
Una de las dudas más habituales en la escritura surge cuando se ha de añadir un prefijo a determinadas palabras, y dudamos si juntarlo a la palabra, unirlo con un guion o simplemente presentarlo como una palabra aparte. Debemos unirlos a la base a la que afectan si esta se trata de una única palabra, como es el caso de “antirrobo” o “exalcohólico”. Si la palabra comienza con una mayúscula, debemos unirla al prefijo con un guion (“pro-Obama”) y, si la base es pluriverbal (es decir, sea constituida por varias palabras), se ha de separar de la misma, como ocurre con “vice primer ministro” o “anti pena de muerte”.
·         Las siglas no tienen plural escrito
Es habitual ver escrito “CDs”* u “ONGs”*, pero se trata de grafías no recomendadas. Las siglas son invariables en la escritura, aunque varíen oralmente. Es decir, se ha de escribir “las ONG”, pero puede pronunciarse “las oenegés”.
·         "Dios" no siempre se escribe con mayúscula
No se trata de un asunto de fe. El término empleado para designar a la divinidad debe ser escrito con mayúscula inicial en el caso de que se refiera al ser supremo de una religión monoteísta (“Dios perdonó los pecados de los mortales”), pero en minúscula cuando se habla del ser supremo de modo genérico o de una divinidad de una religión politeísta, como es el caso de “Jehová es el nombre hebreo del dios de judíos y cristianos”.
·         No se deben omitir los artículos aunque los periodistas lo hagan
Las retransmisiones de eventos deportivos a través de la radio y la televisión suelen eliminar, por influencia de idiomas extranjeros, ciertos determinantes. Es el caso de “entran en túnel de vestuarios”* o “remata con pierna derecha”*, fórmulas incorrectas que deben reemplazarse por “entran en el túnel de vestuarios” o “remata con la pierna derecha”. Sin embargo, los académicos reconocen que la necesidad de condensar la información de la prensa escrita provoca que enunciados como “presunto atracador huye cuando iba a ser detenido” sean válidos en un titular.
·         Las fechas se escriben sin ceros
La informática ha provocado que escribamos de manera frecuente las fechas con dos dígitos, puesto que la mayor parte de formularios, especialmente los bancarios, así nos lo exigen. Sin embargo, deberíamos escribir las fechas sin dichos ceros, separando día, mes y año con puntos, guiones o barras (jamás espacios), de manera que la primera jornada del año próximo sería el “1-1-14”, no el “01-01-14”*.
·         Usos incorrectos del gerundio
En previos artículos ya hablamos de que el empleo del gerundio de posterioridad, es decir, aquel que expresa una acción que ocurre después de otra, como en el caso de “se cayó por la escalera rompiéndose la pierna”, es incorrecto. También lo es el gerundio como modificador restrictivo del nombre, habitual en el lenguaje periodístico y administrativo. Por ejemplo, “nueva ley reformando las pensiones”. Es preferible utilizar una oración de relativo, es decir, “nueva ley que reforma las pensiones”.
·         La tilde en los monosílabos: “guion y “truhan”



La edición de 2010 de la Ortografía de la Lengua Española eliminaba la tilde de las palabras “guion” y “truhan”. Como recuerda El buen uso del español, muchos hispanohablantes pronuncian con hiato dichas palabras, que realmente contienen diptongos ortográficos, por lo que a efectos de acentuación gráfica, no deben llevar tilde

viernes, 8 de diciembre de 2017

EJEMPLOS DE CONCORDANCIAS DE GÉNERO



El sustantivo es el tipo de palabra que puede funcionar como nombre, designa un elemento de la realidad y gramaticalmente puede ser sujeto de una oración.

Podríamos decir que los sustantivos son como etiquetas que sirven para identificar a un elemento real, algunos de ellos funcionan como nombres propios y hacen referencia a un elemento único; en estos casos comienzan con mayúscula. Por ejemplo: “Diego”, “Juan”, “Pedro”, en designación de personas; “Agraciada”, “Unión”, “Centro”, en referencia a barrios.

Hay tantos ejemplos como realidades pasibles de ser identificadas con un nombre. En ocasiones más de un nombre sirve para cumplir la función de identificar a un elemento de la realidad, por ejemplo: “Paso Molino”, “Paso de la Arena”, “Palacio Salvo”, “Parque Central”, en estos casos es posible decir que estamos ante sintagmas nominales que designan lugares.

Hay otros sustantivos que refieren a elementos en forma más genérica: por ejemplo: “perro”, “gato”, “mesa”, “auto” y una interminable serie de posibilidades. En estos casos, la referencia en cuestión no brinda tanta precisión como la anterior —no es lo mismo decir “gato” que “el gato Tom”—.

Otros ejemplos de sintagmas nominales
Además de los casos en los que tenemos dos o más sustantivos —por ejemplo "José Pérez", sustantivos en aposición—, hay sintagmas —conjuntos de palabras que funcionan como unidad— en las que un sustantivo es complementado por un adjetivo —“gran Parque Central”, “caballo negro”—. En estos casos, los adjetivos aportan una información extra que sirve para caracterizar al sustantivo. Así: “grande”, “pequeño”, “rápido”, “lento”, “azul”, “rojo”, etc. son adjetivos, porque aportan información y gramaticalmente dependen del sustantivo núcleo del sintagma.

Concordancia entre sustantivo y adjetivo
La concordancia es la conformidad de accidentes —morfemas de género y número— entre dos palabras. En esta oportunidad veremos la concordancia de género. En el caso de sustantivo y adjetivo hay casos que pueden generar dudas.
Un ejemplo simple:

Una    casa            deshabitada.
        (sustantivo)     (adjetivo)

El sustantivo y el adjetivo concuerdan en género femenino.

Un caso que puede generar dudas:
Cuando hay más de un sustantivo, uno es masculino y otro femenino la concordancia debe ser en masculino.

Ejemplo:
        Una    casa y un palacio                                                      deshabitados.

       (sustantivos en género femenino y masculino)    (adjetivo en género masculino).

Tomada de: http://redactarmejor.blogspot.mx/

miércoles, 29 de noviembre de 2017

EL VOCABULARIO DE MICHEL FOUCAULT



La problemática del lenguaje es, sin lugar a dudas, uno de los tópicos fundamentales de la reflexión filosófica de Foucault. Por un lado, ello depende del contexto en que surgió su obra. Los estudios lingüísticos, los trabajos de lo que, en términos generales, se denominó el estructuralismo y la hermenéutica habían situado la cuestión del lenguaje en un primer plano. Foucault llevará a cabo una arqueología de esta primacía de la cuestión del lenguaje. En Les Mots et les choses y L’Archéologie du savoir está particularmente atento a esa tensión entre tendencias formalistas y tendencias interpretativas que domina el tratamiento del lenguaje en el siglo XX. Igualmente importante ha sido la literatura, en el sentido moderno y específico del término. Foucault ha dedicado un libro a Raymond Roussel y extensos artículos a Maurice Blanchot y Georges Bataille, entre otros. El interés de Foucault por la tensión entre interpretación y formalización, y por la literatura, donde el lenguaje se manifiesta más allá de la distinción entre el significante y el significado (MC, 59), aparece claramente en esa expresión que domina Les Mots et les choses: “el ser del lenguaje”. Por otro lado, desde un punto de vista metodológico, si queremos, busca definir un método de análisis histórico del lenguaje. En efecto, la arqueología es un método histórico de descripción del lenguaje en el nivel de lo que Foucault denomina “enunciados” o “formaciones discursivas”. Por este camino, Foucault intenta escapar de la alternativa formalización-interpretación y encuentra para ello en la metodología histórica, específicamente en la historia de los saberes, un modo de abordar el lenguaje en su historicidad, en su dispersión, en su materialidad, es decir, sin referirlo ni a la sistematicidad formal de una estructura ni a la plétora interpretativa del significado. Aquí la cuestión no es el “ser del lenguaje”, sino su uso, su funcionamiento histórico. En efecto, es a partir del uso del lenguaje que Foucault define lo que entiende propiamente por “discurso”, por “prácticas discursivas”. En esta línea, a medida que Foucault enfoque su trabajo no a la descripción de las epistemes, sino de los dispositivos y, más ampliamente, de las prácticas, situará las prácticas discursivas en el marco de las prácticas en general, es decir, incluyendo las prácticas no-discursivas. En este giro, el centro de la escena no lo ocupa el ser del lenguaje, sino su uso y su práctica, en el contexto de otras prácticas que no son de carácter lingüístico. Foucault ya no se ocupará sólo o primariamente de las prácticas discursivas, sino también de las “prácticas” con las que se ejerce el poder, de las “prácticas éticas”. La relación entre lo discursivo y lo no-discursivo se convertirá, de este modo, en una vía de acceso al análisis histórico de los usos del lenguaje. Para expresarlo de algún modo, la temática del “ser del lenguaje” es reemplazada por la temática de “lo que hacemos con el lenguaje”. La problemática del lenguaje en Foucault se mueve así del “ser del lenguaje” al “uso del lenguaje”, a las “prácticas discursivas”. En este recorrido, Foucault pasará de la consideración de la incompatibilidad entre el “ser del lenguaje” y el “ser del hombre” a la reflexión sobre el uso de las prácticas discursivas como formadoras de subjetividad. • Del lenguaje considerado como práctica nos hemos ocupado en los artículos Discurso, Enunciado; de las prácticas discursivas como constitutivas de la subjetividad, en Confesión, Examen, Hupomnémata. Remitimos a ellos. En este artículo nos centraremos en la problemática del ser del lenguaje en Les Mots et les choses, es decir, en la incompatibilidad entre el ser del lenguaje y el ser del hombre. El ser del lenguaje. Les Mots et les choses comienza y concluye con el anuncio de la muerte del hombre. Foucault se refiere a la disposición antropológica del pensamiento moderno, es decir, a la analítica de la finitud y a las ciencias humanas (véase: Hombre). La aparición del hombre es la aparición de la analítica de la finitud y de las ciencias humanas, y su desaparición es la descomposición de éstas. Pero esta afirmación expresa sólo una de las dos caras del análisis de Foucault; la otra concierne al ser del lenguaje. El “hombre” y el “lenguaje”, en efecto, están ligados por una incompatibilidad fundamental. “Por el momento, la única cuestión que nosotros sabemos con toda certeza es que nunca en la cultura occidental el ser del hombre y el ser del lenguaje han podido coexistir y articularse uno sobre otro. Su incompatibilidad ha sido una de las características fundamentales de nuestro pensamiento” (MC, 350). La figura del hombre se ha formado a partir de la fragmentación del lenguaje y la reaparición del ser del lenguaje nos muestra que el hombre está por desaparecer. “El hombre ha sido una figura entre dos modos de ser del lenguaje […] El hombre ha compuesto su propia figura en los intersticios de un lenguaje en fragmentos” (MC, 397). Por ello, aunque Les Mots et les choses es, como dice el subtítulo, una arqueología de las ciencias humanas, es decir, del hombre, también se podría decir que es una arqueología de los modos de ser del lenguaje. En ella es posible distinguir, en paralelo con las epistemes, cuatro momentos: el lenguaje como comentario (Renacimiento), el lenguaje como discurso (época clásica), la fragmentación del lenguaje (Modernidad), la reaparición del lenguaje (los síntomas de la muerte del hombre). Del lenguaje como comentario nos hemos ocupado en los artículos Comentario y Episteme renacentista; del lenguaje como discurso, en los artículos Discurso y Episteme clásica. También remitimos a ellos. Nos ocuparemos, entonces, de los otros dos momentos: la fragmentación del lenguaje y su reaparición en su ser bruto. La fragmentación del lenguaje en la modernidad.
Durante la época clásica el hombre no existía. Ello no significa que la gramática general, el análisis de las riquezas o la historia natural no se ocuparan de lo humano, sino, más bien, que ello constituía un problema específico, una región sui generis. En efecto, el hombre ocupa un lugar en la episteme clásica, pero este lugar no está definido por la especificidad de su ser o por la dimensión trascendental de la actividad subjetiva, sino por el juego de identidades y diferencias en el cuadro ordenado de representaciones: el hombre es un ser como cualquier otro. • En el siglo XIX (con el nacimiento de la biología, de la economía política, de la filología), los conceptos de vida, trabajo y lenguaje señalan los límites de la representación, es decir, la imposibilidad de reducir lo que nos es dado en ellos al juego de identidades y diferencias (imposibilidad de reducir la profundidad de la organización biológica a la linealidad taxonómica, la temporalidad de la producción al análisis de la medida del valor y la totalidad lingüística a la forma de la proposición). Estos conceptos, en cuanto nos muestran los límites del poder nominativo del discurso, indican el final de la época clásica, el final de la época del discurso, de la posibilidad de vincular el sujeto y el objeto dentro de la representación por medio del poder que ésta posee de representarse a sí misma. De modo más radical, podríamos decir simplemente que el fin de la época del discurso está señalado por la imposibilidad de reducir la vida, el trabajo y el lenguaje al dominio de la representación. La representación misma se convierte en un producto de las necesidades de la vida, de las fuerzas de producción o de la historicidad del lenguaje que se da en la conciencia del hombre. A partir de este momento, el sujeto-hombre y el objeto-hombre adquirirán una dimensión propia, irreductible al espacio definido por la taxonomía clásica, y, consecuentemente, el cuadro ordenado de representaciones se sustituirá por un conjunto de oposiciones entre el hombre y el mundo, entre el yo pienso y el yo soy, entre el ser representante y el ser representado. En definitiva, para Foucault, durante la época del discurso, la época clásica, el hombre no existía ni como sujeto –fuente trascendental de las representaciones– ni como objeto –región específica de estudio–. Hacia fines del siglo XVIII el discurso deja de jugar el papel organizador que poseía en el saber clásico. El discurso no es más el medio transparente y ordenado entre el mundo de las cosas y el mundo de las representaciones. Las cosas se replegaron sobre sí mismas, fuera de la representación ordenada; aparecieron los lenguajes con su historia, la vida con su organización y su autonomía, el trabajo con su propia capacidad de producción. En el espacio dejado libre por el discurso apareció la figura del hombre. “Se puede comprender ahora, y hasta el fondo, la incompatibilidad que reina entre la existencia del discurso clásico (apoyada en la evidencia no cuestionada de la representación) y la existencia del hombre, tal como se ofrece al pensamiento moderno” (MC, 349). •
“El objeto de las ciencias humanas no es, pues, el lenguaje (aunque hablado sólo por los hombres); es este ser que, desde el interior del lenguaje por el cual está rodeado, se representa, al hablar, el sentido de las palabras o de las proposiciones que él enuncia y se da finalmente la representación del lenguaje mismo” (MC, 364). • A partir del siglo XIX, con la filología, con la formalización, con el retorno de la exégesis, con la literatura, el lenguaje se fragmenta y aparece entonces en sus intersticios la figura del hombre. Esta figura doble (véase: Hombre) asegurará ahora el nexo entre las palabras y las cosas. Filología, exégesis, formalización. A partir de los análisis de Bopp, el lenguaje no es más un sistema de representaciones para descomponer y recomponer otras representaciones. En sus raíces designa los estados, las voluntades. No quiere decir lo que se ve, sino lo que se quiere; se enraíza en el sujeto, en su actividad. Como la acción, expresa una voluntad. Foucault señala dos consecuencias fundamentales de este desplazamiento: 1) Con el descubrimiento de una gramática pura, se atribuyen al lenguaje profundos poderes de expresión que no se reducen a la dimensión de la representación. 2) El lenguaje ya no está ligado con las civilizaciones por el conocimiento que ellas han alcanzado, sino por el espíritu del pueblo que las hizo nacer y las anima (MC, 302-303). • La filología de Bopp se opone, término a término, a cada uno de los cuatro segmentos teóricos de la gramática general (véase: Episteme clásica). La teoría del parentesco entre las lenguas se opone a la teoría clásica de la derivación. Mientras que ésta suponía factores de desgaste y mezcla asignables de la misma manera a todas las lenguas, la teoría del parentesco, en cambio, afirma la discontinuidad entre las grandes familias y las analogías internas. La teoría del radical se opone a la teoría clásica de la designación. El radical es una individualidad lingüística aislable e interior a un grupo de lenguas, es núcleo de las formas verbales; en la época clásica, la raíz era una sonoridad indefinidamente transformable que servía primariamente para recortar nominalmente las cosas. El estudio de las variaciones internas se opone a la teoría de la articulación representativa. Ahora las palabras se caracterizan por su morfología, no por su valor representativo. Finalmente, el análisis interno de las lenguas se opone al valor que se atribuía al verbo ser. El análisis de la organización interna de las lenguas rompe con la primacía de la forma proposicional (MC, 308). “A partir del siglo XIX, el lenguaje se repliega sobre sí mismo, adquiere su espesor propio, despliega una historia, leyes y una objetividad que sólo pertenecen a él. Se ha convertido en un objeto de conocimiento entre otros, junto a los seres vivientes, las riquezas y los valores, la historia de los hechos y de los hombres. […] Conocer el lenguaje ya no es aproximarse lo más cerca del conocimiento mismo; es aplicar solamente los métodos del saber en general a un dominio singular de objetividad” (MC, 309). Pero, según Foucault, esta objetivización del lenguaje está compensada de tres maneras. 1) El lenguaje es el medio necesario de todo conocimiento científico. Por ello se entiende el sueño positivista de un lenguaje que se mantenga al ras de lo que se sabe. También por ello es posible entender la búsqueda de una lógica independiente de la gramática y todos los ensayos de formalización. 2) Se atribuye al lenguaje valor crítico. Las disposiciones gramaticales de una lengua constituyen el a priori de lo que se puede enunciar. Por ello se da la reaparición de todas las técnicas de exégesis en el siglo XIX. Pero la exégesis, en la forma del comentario, ya no va en búsqueda de un texto primitivo, sino que parte sólo del hecho de que estamos atravesados por el lenguaje y va en búsqueda del lenguaje en su ser bruto. 3) Aparece la literatura (MC, 309-313). • Sobre formalización e interpretación, véanse los artículos respectivos. La reaparición del ser del lenguaje. 1) Lingüística. Etnología y psicoanálisis son, en la perspectiva de Foucault, “contra-ciencias” humanas (véase: Hombre). Ahora bien, la etnología se aproxima al psicoanálisis, pero no asimilando los mecanismos y las formas de una sociedad a la represión de los fantasmas colectivos, sino definiendo como sistemas inconscientes el conjunto de las estructuras formales que vuelven significantes los discursos míticos y les dan su coherencia y necesidad a las reglas que rigen una sociedad. De manera simétrica, el psicoanálisis se aproxima a la etnología, no por medio de la instauración de una psicología cultural, sino a través del descubrimiento de la estructura formal del inconsciente. La etnología y el psicoanálisis se cruzan, entonces, no en las relaciones entre el individuo y la sociedad, sino en el punto en el que la cadena significante por la cual se constituye la experiencia del individuo se corta con el sistema formal a partir del cual se constituyen las significaciones de una cultura. Aparece entonces, según Foucault, el tema de una teoría pura del lenguaje que dé a la etnología y al psicoanálisis su modelo formal. “Habría, de esta forma, una disciplina que podría cubrir en un único recorrido tanto esta dimensión de la etnología que refiere las ciencias humanas a las positividades que las rodean cuanto esta dimensión del psicoanálisis que refiere el saber del hombre a la finitud que lo funda. Con la lingüística se tendría, entonces, una ciencia perfectamente fundada en el orden de las positividades exteriores al hombre (puesto que se trata de un lenguaje puro) y que, atravesando todo el espacio de las ciencias humanas, alcanzaría la cuestión de la finitud (porque es a través del lenguaje y en él que el pensamiento puede pensar; de modo que aquél es en sí mismo una positividad que vale como fundamental). Por encima de la etnología y del psicoanálisis, más exactamente, entrelazada con ellos, una tercera ‘contra-ciencia’ vendría a recorrer, animar, inquietar todo el campo constituido de las ciencias humanas, y desbordándolo tanto del lado de las positividades cuanto del lado de la finitud, ella sería el cuestionamiento más general” (MC, 392). • De este modo, la lingüística no imita simplemente lo que la biología o la economía política habían querido hacer, es decir, unificar bajo sus conceptos el campo de las ciencias humanas. La situación de la lingüística es diferente, por varias razones. 1) La lingüística se esfuerza por estructurar los contenidos mismos. No se propone simplemente una versión lingüística de los fenómenos observados; las cosas no acceden a la percepción sino en la medida en que pueden formar parte de un sistema significante. “El análisis lingüístico es más una percepción que una explicación; es decir, es constitutivo de su propio objeto” (MC, 393). 2) Debido a esta emergencia de la estructura, la relación de las ciencias humanas con las matemáticas se encuentra nuevamente abierta, pero en una nueva dimensión. Ya no se trata de cuantificar los resultados, sino de saber si en las matemáticas y en las ciencias humanas se habla de la misma estructura. La relación de las ciencias humanas con las disciplinas formales se convierte entonces en una relación esencial, constitutiva. 3) La lingüística hace aparecer la cuestión del lenguaje en su insistencia y su forma enigmática y, de este modo, se cruza con la literatura. “Por un camino más largo y mucho más imprevisto, se es reconducido a este lugar que Nietzsche y Mallarmé habían indicado cuando uno había preguntado: ¿Quién habla?, y el otro había visto centellear la respuesta en la Palabra misma. La interrogación sobre lo que es el lenguaje en su ser retoma, una vez más, su tono imperativo” (MC, 394). 2) Literatura. Durante el Renacimiento, el ser del lenguaje se manifestaba en su forma enigmática y exigía el trabajo del comentario (entre el Texto primitivo y la interpretación infinita). La época clásica redujo el ser del lenguaje a discurso, a su funcionamiento representativo en el dominio del conocimiento. Con la literatura, tal como aparece en los umbrales de la modernidad, reaparece el ser vivo del lenguaje. La reaparición del lenguaje nos muestra que la figura del hombre, tal como se dibujó en los saberes del siglo XIX, está por desaparecer, por morir (DE1, 500-501). Esta reorganización de la episteme trae consigo una serie de consecuencias: 1) Convierte en quimera la idea de una ciencia del hombre que sea, al mismo tiempo, una ciencia del signo. 2) Anuncia el deterioro, en la historia europea, del antropologismo y del humanismo. 3) La literatura del siglo XIX deja de pertenecer al orden del discurso y se convierte en una manifestación.

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